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La familia de Luis y Celia – Carta n°35

13 de marzo de 2020

Al ver un día Madre Inés a su hermana santa Teresita -ya enferma- en su silla de ruedas, en el jardín, arrojando flores a la estatua de san José colocada en una pared, le preguntó: « Qué haces?¿Lo haces para obtener alguna gracia? » Teresita le respondió: « ¡No, es para hacerlo feliz! »

« Es para hacerlo feliz »

En este mes de marzo dedicado a san José, es bueno que recordemos este amor gratuito que Teresita le tenía y que también nosotros tratemos de “hacerlo feliz” el 19, celebrando con toda solemnidad su fiesta.

Calificado como “hombre justo”, San José demuestra serlo cuando conoce que la Virgen María está embarazada y, como no tiene razón alguna para dudar de aquella en la que había depositado su confianza, decide, por obediencia a la ley, repudiarla en secreto. Iluminado por el mensaje del ángel, no vacila en recibirla en su casa. “Hombre justo” por la flexibilidad con la que se pone en las manos del Señor, aceptando sus designios…

El amor de Teresita por San José lo encontramos también la vida de sus santos padres, Luis y Celia Martin.

Después de haber puesto a sus dos hijos bajo su patrocionio, llamándolos como él y a pesar de que ambos murieron cuando eran muy pequeños, los esposos Martin continúan teniéndole mucha devoción. Y no siguen el consejo que Sor María Dositea da a su hermana de poner el nombre de Francisco, al nuevo bebé que esperan, en el caso de que sea un varón, “como si se imaginase que el buen san José me había llevado a mis hijos… Yo le contesté que el niño podía morirse o no, pero que se llamaría José.” (CF 87 a su hermano Isidoro, 1 de mayo de 1873)

El niño resultó ser una niña: Teresita que, a medida que pasan los días, tiene menos salud. Sólo puede salvarla ser amamantada por Rosa Taillé. En ese instante, Celia sube a su habitación para pedir a San José con toda su alma y su corazón que curea su hijita “Subí de prisa a mi habitación, me arrodillé a los pies de san José y le pedí la gracia de que la niña se curase, aunque resignándome a la voluntad de Dios si Él quería llevársela consigo. Yo no suelo llorar fácilmente, pero me corrían las lágrimas mientras hacía esa oración.” (CF 89 a su cuñada, Marzo de 1873) Y… ya sabemos de qué manera fue escuchada su oración…

Imitando a la familia Martin, el Papa Francisco manifiesta mucha confianza en San José

Como lo hizo antes el santo Papa Juan XXIII que pidió que en las tres plegarias eucarísticas se mencionara el nombre de “San José, esposo de María” después del de la Santísima Virgen.

Recordamos sus palabras en la misa del 19 de marzo de 2013, festividad del Santo: “En los Evangelios, San José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. ¡No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura!”

Podemos meditar el anuncio hecho a José (Mt 1,18-21, 24)

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en secreto.. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: “Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa Dios-con-nosotros”. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.

Y el comentario de San Juan Pablo II( en su Exhortación apostólica Redemptoriscustos sobre la figura de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia, del 15 de agosto de 1989)

17. Durante su vida, que fue una peregrinación en la fe, José, al igual que María, permaneció fiel a la llamada de Dios hasta el final. La vida de María fue el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias de aquel primer “fiat” pronunciado en el momento de la anunciación mientras que José —como ya se ha dicho— en el momento de su “anunciación” no pronunció palabra alguna. Simplemente él “hizo lo que el ángel del Señor le había mandado” (Mt 1, 24). Y este primer “hizo” es el comienzo del “camino de José”.

Recemos con el salmo 118

105. lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero […]
108. Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos.
111. Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón.

Para terminar, dirijamos nuestro saludo a San José, a semejanza del que le hacemos a la Virgen María

Dios te salve, José, la gracia divina de ha colmado.
El Salvador ha reposado en tus brazos y ha crecido bajo tu mirada.
Eres bendito entre todos los hombres y bendito es Jesús, hijo divino de tu virginal esposa.
San José, danos por padre al Hijo de Dios.
Ruega por nosotros, por nuestras preocupaciones familiares, de salud, de trabajo hasta el último día de nuestra vida y socórrenos en la hora de nuestra muerte. Amén

Podéis contar con las oraciones de los miembros del Santuario de Luis y Celia de Alençon.

P. Thierry Hénault-Morel, rector del Santuario